En el fascinante ecosistema de la política argentina, las leyes de la física suelen neutralizarse. Mientras en el despacho presidencial de la Casa Rosada se talla en piedra el dogma del 2% mensual de techo salarial, en tierras jujeñas esbozó un brote inesperado de sensibilidad social.
El protagonista de este giro argumental es el diputado nacional por Jujuy Manuel Quintar, quien parece haber olvidado por un momento el manual de “motosierra y licuadora” que firma su jefe político, Javier Milei.
El gobierno nacional es drástico, paritaria que asome la nariz por sobre el 2%, paritaria que no se homologa, ya que, según Milei, si el sueldo sube, el superávit sagrado sufre. Sin embargo, lo que para el presidente es disciplina fiscal, para Quintar parece ser un “destrato”.
Contradicción
Resulta curioso, por no decir disparatado, ver a un alfil de La Libertad Avanza rasgarse las vestiduras por los sueldos en Jujuy. Quintar manifestó su “preocupación” por la situación del personal de seguridad, maestros y trabajadores estatales en general, abarcando a un sector de la población que su propio espacio político decidió usar como combustible para el ajuste.
“Estamos con problemas en actualizarle los sueldos a los empleados públicos”, dijo el legislador sin ponerse colorado y así eligió pararse, discursivamente al menos, en la vereda de enfrente. Mientras Milei somete a los trabajadores a una dieta de rigor presupuestario, Quintar señala con el dedo al gobierno provincial, acusándolo de un destrato que suena extrañamente familiar al que se practica desde la Rosada.
A propósito de miopía política e indiferencia, los libertarios implementaron un nuevo modelo de entrenamiento táctico no declarado para Gendarmería Nacional y Ejército Argentino: Supervivencia extrema con bolsillos vacíos. Mientras los efectivos de verde custodian la Patria, las fronteras y el orden público, sus salarios y obra social libran una batalla perdida contra una canasta básica que ya los mira desde arriba. El malestar en los escuadrones no es precisamente un secreto de Estado. En las oficinas de Quintar y compañía, el sueldo de quienes portan el arma reglamentaria no ocupa espacio de importancia alguno.
El ajustador jujeño
En Buenos Aires, Quintar vota a favor del ajuste y aplaude las auditorías que congelan fondos, pero en Jujuy sufre por los maestros y descubre que la gente, caprichosamente, tiene la costumbre de querer comer todos los días. No se sabe todavía si esta preocupación de Quintar por los sueldos públicos es real o se trata de una epifanía humanista o simplemente está practicando el viejo deporte nacional de ser oficialista en el puerto y opositor en el pago chico.
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